LA MEMORIA: ¿Cuál es tu primer recuerdo?

La memoria es una facultad intelectual, portentosa, que todos tenemos y  nos sirve para retener información y recordarla cuando la necesitamos;  que podemos entrenar para obtener mejores resultados

Hay personas que dicen tener poca o mala memoria; permíteme que lo ponga en duda, porque hay experimentos que demuestran lo contrario, y yo mismo lo he visto a lo largo de mi vida personal y profesional.

No voy a hablar de los experimentos, porque sería largo y tedioso; voy a contarte cómo he vivido la historia de mi memoria a través de los recuerdos, la memoria a largo plazo de mi vida personal y profesional.

Si estudias o tienes problemas de memoria, sigue este relato en el que voy mostrando, paso a paso, mis recuerdos desde los primeros años de vida. Nuestra memoria podemos compararla con un almacén; en él, hay recuerdos y mucha información. Si entramos en una nave llena de repuestos y estos están bien ordenados, encontraremos rápidamente lo que buscamos. Si, por el contrario, los repuestos están desordenados, nos costará encontrar lo que buscamos.

Inicio el relato sobre mi memoria:

Nací en El Payo. Es un precioso pueblecito salmantino, en la confluencia de las provincias de Cáceres y Salamanca, en la Raya de Portugal. Está bañado por el río Águeda y descansa en las estribaciones de la Sierra de Gata, en el regazo del pico Jálama.

El Payo posee robledales centenarios y pinares de un verdor deslumbrante. Sus gentes son amables y hospitalarias, y sus casas rurales acogen a todos aquellos que quieran visitarlo. Te animo a pasar un fin de semana en una de sus casas rurales y visitar este entrañable pueblo y su comarca.

Nací en 1944, aunque esto no lo tengo en la memoria; lo sé porque me lo han contado y, además, figura en los registros.

El primer dato que tengo en mi memoria es de los dos años. Es un recuerdo doloroso. Me dolían mucho los oídos. Yo lloraba y pedía socorro, y mi madre no sabía qué hacer conmigo. En El Payo no había ambulatorio, ni urgencias, y no sé si habría médico en esa época. El caso es que mi madre pidió ayuda a una vecina, Francisca, que amamantaba a su bebé, Francisco. Decían que la leche de mujer era buena para el dolor de oídos.

Recuerdo que la Francisca vertió la leche de sus glándulas mamarias sobre mis oídos, y que aquel líquido blanco y templado mitigó mi dolor, y me quedé plácidamente dormido. Gracias, Francisca, por tu donación, y a ti, Francisco, por cederme parte de tu alimento más preciado.

Sé que tendría dos años porque Francisco es dos años más joven que yo, y entonces era un bebé: memoria asociativa.

La memoria tiene que ver con nuestras emociones; en este caso, con un hecho doloroso. Los acontecimientos que nos han causado dolor, miedo o alegría, los rememoramos mejor. ¿Recuerdas algo con esta edad, o antes de los dos años? Si recuerdas algo, escríbelo y tira del hilo de esa historia, a ver si tu memoria asociativa te trae más recuerdos.

Mi memoria no me trae más recuerdos hasta los tres años. Sé que son de los tres años por mi memoria asociativa: estaba yo en casa de mi abuela materna, Isabel. Recuerdo que mi abuela andaba con muletas; era alta y espigada, y tenía buen ánimo y mejor genio.

Mi abuela tuvo nueve hijos y cuarenta nietos, entre los que me cuento. A esta familia la llamaban y la llaman “los Borrascos». No voy a contar el porqué. En mi pueblo, casi todas las familias tienen mote o apodo: “los Mea «, “los Huevos «, “los Tuertos «… Espero que mis paisanos no se enfaden, pues los cito con cariño.

Aquel día nos reuníamos, en casa de mi abuela Isabel, parte de la familia; entre ellos, mi tío Emeterio y dos de sus hijos, Pepe y Eme.

Recuerdo que mi abuela había hecho unas natillas para agasajar a la familia. Mis primos, Pepe y Eme, que eran buenas piezas, tramaron comer las natillas de la abuela. Para ello, buscaron un socio o aliado más pequeño, y encontraron a un servidor. —Pepito —me dijeron—, ¿te gustan las natillas? A mí se me abrieron los ojos como platos con gesto afirmativo. Me llevaron a la sala grande donde la abuela guardaba las natillas para invitar y me animaron a disfrutar de tan preciado manjar. Yo no tenía conciencia de la falta que estaba cometiendo, sobre todo porque mis primos arrasaban con el manjar, y no era el momento de quedarse parado pensando si eran galgos o podencos.

Mis primos tenían cinco y seis años, y, como son tres y cuatro años mayores que yo, deduzco que yo tenía tres años: memoria asociativa.

Y ¿qué pasó? Cuando mi abuela acudió a la sala para invitar a la familia, las natillas habían desaparecido. Estaban los platos, pero no el contenido. Recuerdo la cara de sorpresa y enfado de mi abuela, y cómo mis primos me señalaban a mí como al autor de la tragedia.

Hechos de este tipo se recuerdan, aunque, a veces, no podemos ponerles fecha. Las fechas, los números, son difíciles de recordar si no es asociándolos, o mediante una técnica o mnemotecnia.

Como decía antes, solemos tirar de la memoria asociativa: dónde era, quién estaba, qué edad tenían. Recuerdo que…

Tira de tu memoria y escribe cosas que recuerdes de tus tres años.

Recuerdo cuando tenía cuatro años porque le dije a mi vecino y amigo Casio: —Soy mayor que tú, porque tengo cuatro años, y tú tres. Parece una tontería y, sin embargo, lo recuerdo. Quizás porque, para mí, tener cuatro años era algo muy importante y, además, quería resaltarlo delante de mi vecino.

A este hecho podría añadirle más acontecimientos de esa fecha. Mi amigo Casio y yo jugábamos a las canicas, chupábamos los carámbanos que caían de los tejados, intentábamos coger los aviones (o vencejos) que se metían en los agujeros de las paredes de las casas de piedra.

¿Qué recuerdas de tus cuatro años? Escríbelo.

De los cinco años, recuerdo a mis amigos Pepe y Aquilino. También eran más pequeños que yo, y nuestros juegos eran más variados y en equipo. Jugábamos al escondite, a las canicas y a la farola. La farola es parecida al escondite, pero tenías que volver a un punto de partida, y el que se quedaba tenía que pillar a alguien para librarse.

Cuento una anécdota de esta edad: José Antonio y Tito eran los hijos del maestro, don Máximo. Eran mayores que nosotros, dos o tres años más, y tenían sus propios juegos y entretenimientos. Un día, hicieron caramelo y lo escondieron fuera del alcance de posibles furtivos. Mis amigos y yo,  lo descubrimos y les comimos los caramelos.

Las represalias fueron tremendas. Recuerdo que, para mí, estos chicos eran muy mayores y además influyentes, por ser hijos del maestro. Tuvimos que resarcirles, incluso económicamente. Esa pudo ser mi primera hipoteca, pagar a estos acreedores.

Escribe lo que recuerdes de tus cinco años.

Vamos a ver cómo funciona tu memoria. Hagamos un par de experimentos:

  • Escribe o recuerda mentalmente cinco obras de Camilo José Cela. Si no las recuerdas, no te preocupes; lo hacemos juntos: La Colmena, Viaje a La Alcarria, La Familia de Pascual Duarte, Del Miño al Bidasoa, Madera de Boj.

Ahora, sin mirar, intenta recordarlas. Escribe las que recuerdes. ¿Cuántas has recordado? ¿Cuántas crees que recordarás mañana? ¿Y dentro de un mes? Probablemente no las recuerdes todas; es normal. Tú y yo olvidamos, y a veces nos da rabia; sobre todo, en los exámenes. ¡Si yo me lo sabía!

Aún no ha terminado el experimento. No nos rindamos. Vamos a ayudarnos de la imaginación, que es otra de las grandes facultades que tenemos.

Imagínate una gran colmena de abejas (La Colmena): miles de ellas revoloteando a tu alrededor. El pánico es grande.

A lo lejos, ves varias personas. Es La Familia de Pascual Duarte. Por suerte para ti, todas las abejas vuelan hacia la familia de Pascual Duarte. ¡Qué respiro, qué alivio! Han pasado de ti.

La familia ve un carro (Alcarria) y huye de las abejas hacia el carro. Mi imaginación me permite estas licencias: sustituir Alcarria por carro. Un niño de la familia (Miño) se tira al Bidasoa. El niño se salva agarrándose a un tronco de madera (Madera de Boj).

Intenta recordar la historieta. Escribe las cinco obras. ¿Las has recordado? ¿Las recordarás mañana? ¿y dentro de un mes? Verifícalo.

  • El Segundo experimento es más sencillo o más difícil, según lo mires. Intenta recordar hechos, situaciones y personas de tu vida, hasta los cinco años. Puedes hacerlo mentalmente o puedes escribirlo. Si lo escribes, recordarás más cosas, porque podrás pensar y asociar unos hechos con otros. Incluso puede ser el comienzo de una gran historia. Tu historia.
José Pascual
José Pascual
Director y Fundador del Instituto Pascal
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